Partido Controlado - La única forma de disfrutar del fútbol

lunes, 19 de marzo de 2012

Que tire la primera piedra.

Mucho se puede discutir sobre el título de este artículo. No es apología a la violencia, sino un intento de ver cuanto sabemos de reglamento. Nada tiene que ver con aquello que habitualmente sucede en los estadios de fútbol, con esos hinchas envueltos en su irascibilidad arrojando proyectiles a lo que se le cruce y con lo que tenga a su alcance.
Estamos hablando de otra cosa. El que sepa las reglas de juego de pe a pa, que tire la primera piedra. El que no haya dudado un instante sobre la ilegitimidad de ese gol, aquel que no discutió al menos por un momento con el que tenía sentado al lado, ese que no se tomó el tiempo de buscar el reglamento y sus constantes modificaciones; solo al que no se le cruzo por la cabeza que el despeje del defensor lo habilitaba, puede y está autorizado a tirar la primera piedra.
La confusión se generalizó. La pelota entró al arco es verdad, pero uno levantó la bandera de la prohibición, otro hizo el gesto de que todo estaba en orden, y muchos se quedaron parados sin seguir la situación. El que tenía como misión traer alfajores de Sudáfrica, fue el más piola de todos: por las dudas la empujo en dirección al gol, casi como una gracia que terminó en desgracia. Al menos, para los de San Lorenzo.
La imagen que acompaña este texto es elocuente. Garcé y Bastía festejan y se ríen incrédulos, inclusive ellos mismos, de lo que acaban de vivenciar; mientras en el fondo ni siquiera se puede observar la silueta del juez de línea tapado por una montaña de jugadores molestos y fastidiosos por el fallo que tomó Diego Abal, contrariando a su compañero de trabajo.
Y el embrollo dio su cimbronazo del  tejido para afuera. Los hechos vandálicos y lejos de la razón que sucedieron ayer, no se justifican bajo ningún contexto, marco o circunstancia. Pero dentro de la cotidianeidad y el mal acostumbramiento con la que solemos ver a la violencia dentro del fútbol, al menos lo de ayer tuvo una raíz “comprensible”. Insisto y que no se mal interprete, la violencia es repudiable bajo todo precepto y no tiene gollete, pero el problema radica cuando los componentes internos no colaboran.
Sin embargo, la pesada mochila de ayer no debe ser llevada solamente por el árbitro. Al margen de lo que Abal avaló, San Lorenzo no está peleando la promoción y descenso por ese inoportuno fallo arbitral. La complicación viene de arrastre: Dirigentes poco capaces para traer refuerzos, técnicos que no le encontraron la vuelta al equipo, jugadores que no rindieron, y porque no  también poner en tela de juicio el sistema de promedios, a pesar de que hoy las críticas son mas interesadas que constructivas, pero inevitablemente es un hecho que debe cambiar. Y vino este hombre de negro para abrir apenas la canilla y dejar caer la gota que rebalsó al vaso.
Y entonces sí. El título se vuelve ambiguo y es valido usarlo para lo que pasó en el Bajo Flores. El descontrol y los disturbios reinaron por sobre todas las cosas. Y hubo una primera piedra y muchas piedras más, y todo terminó con el triste y ya conocido final de la policía que interviene y reprime.
Momento de reflexión; o si quieren parafrasear al fútbol, es momento de parar la pelota. Un árbitro tiene el derecho a equivocarse, incluso de una grosera forma, como aconteció ayer. El fanatismo desborda, la paranoia por el descenso atropella, la psicosis de la tabla de promedios, con calculadora en mano, es incontrolable y a la vez inconcebible porque hay que entender que, como en todo juego, a alguien le toca perder. En una sociedad hostil e intolerante, el mínimo chispazo se transforma en una hoguera, y obviamente esta sumergido el planeta fútbol también; por ello es necesario tomar conciencia de que dentro de este circo en el que han transformado al deporte pasión de multitudes nadie, pero absolutamente nadie, es digno de tirar la primera piedra.

jueves, 15 de marzo de 2012

El tiempo a su favor


La revolución española pero en términos del fútbol. Ni los millones de uno, ni la forma vistosa de jugar de otro. Un tercero en discordia que aparece en escena y se lleva la ovación y el clamor popular. Con su forma de trabajar tan obsesiva y perfeccionista, como peculiar.
Fue construyendo los cimientos de un equipo opacado en las sombras de la medianía y la mediocridad, durante las últimas décadas y aún más con la presencia de los dos gigantes del fútbol ibérico. Hoy es inevitable que esté en boca de todos, que lo nombren, lo admiren e intenten explicar el fenómeno bilbaista. O mejor dicho un nuevo paradigma bielsista.
Sus equipos intentan ser siempre protagonistas; una verdad que a simple vista no tolera ningún tipo de refutación. Tiene el poder del convencimiento, no solo propio sino también para sus dirigidos. La premisa fundamental es intentar en reiteradas ocasiones, porque de esa forma se  está mucho más cerca del objetivo. Creer que se puede, y lograrlo. Y que la idea venga incorporada en la mentalidad como un chip.    
Mérito absoluto y completo del entrenador. Porque fue el técnico rosarino el que tuvo su teatro de los sueños, hace siete días atrás cuando no le importó ni el estadio, ni el rival y le faltó el respeto futbolísticamente hablando a uno de los más poderosos del globo.
Y aún cuando los más conservadores, buscaban estadísticas desfavorables a la hora de plantear un partido con ventaja deportiva, quizás amparándose porque enfrente estaba el mítico Manchester United, y tomaban los recaudos necesarios, por si lo hecho en Inglaterra no alcanzaba y los españoles sufrían un revés en la serie; aún a pesar de toda conjetura Bielsa logró instalarse entre los mejores ocho de este certamen.
Sin olvidarse por supuesto, de que uno de los dos asientos en la final de la Copa del Rey que se espera para finales de mayo, tiene su nombre grabado también.
Este Loco que rompe los moldes y esquemas de las coyunturas estructurales del fútbol, ha conseguido que finalmente una bandera se transforme en realidad y desmitifique a una frase que parecía más emparentado a lo idílico. El tiempo le ha comenzado a dar la razón, tal como aquel pedazo de trapo que se ha visto colgado en las tribunas argentinas. Hoy esa bandera se entremezcla con su presente y Bielsa navega por las aguas de los éxitos, con el tiempo a su favor.  

jueves, 8 de marzo de 2012

Agotamiento del adjetivo calificativo.

Algún día iba a suceder. Y sí, era previsible que pasara. Cuando uno se enfrenta a estos fenómenos a nivel mundial, generalmente nunca se sabe como puede terminar la historieta. Pequeños hechos inciertos y con finales impredecibles. Todo en el marco de las reglas de juego, que uno acepta como bases y condiciones; sabiendo que con este tipo, el grado de probabilidad de quedar expuesto y verse en ridículo, es muy alto.
Terminó el partido y empezó la incansable búsqueda en el diccionario de sinónimos. Incansable pero inútil, no se puede. Hay que darse por vencido y rendirse ante Su Majestad. Hay que reconocerle que esta vez nos ganó; porque todas las palabras parecen quedar diminutas, ninguna tiene la capacidad de completar la idea que se quiere dar sobre el muchachito en cuestión.
Obviamente estamos hablando de él. El mismo de aquella tripleta de goles frente al Madrid, en uno de sus primeros derby, cuando comenzaba a asomar su chapa de crack y se ganaba la admiración de su afición. Aquel de los cuatro goles al Arsenal inglés, hace poco menos de dos años y por el mismo torneo continental, destrozando con un poker de gritos a un rival que era cosa seria.
Ese que hace un puñado de días, convirtió su primer Hack – Trick con la albiceleste, inclusive uno de factura muy similar a los que convierte en España, logrando que aquellos eternos murmuradores de su forma de lucir la camiseta de la Selección, empezaron a hacerle un guiñe.
Y durante todo este tiempo, la retórica siempre presente en los trabajadores de los medios de comunicación, iba surfeando la situación con palabras elogiosas, cada vez más cerca del exagerado, hablando de su grandeza cuando de una pelota se trataba, mencionando inclusive las tan inevitables como odiosas comparaciones: que si es mejor que fulanito, que si hace mas goles que menganito, que es más rápido pero menos técnico que sultanito; y así un rosario de paralelos y números estadísticos que no lo hacen ni mejor ni peor que sus antecesores, simplemente distinto.
Pero ayer otro record empezó a resquebrajarse, y con el correr de los minutos se hizo añicos. No solo a nivel personal por vez primera tuvo tanto festejo en una hora y media; sino que también es el primer jugador en la historia del formato Champions League en festejar cinco veces en el mismo partido; y de yapa alcanzó la línea del legendario Di Stefano con 49 anotaciones a lo ancho y largo de Europa
Y en nuestro trabajo de formar opinión, el adjetivo que califica a una acción o persona, suele ser un arma de uso frecuente. Sin embargo es un recurso que se agotó. Quedó vacante el espacio que se permite para intentar explicarlo mediante una adjetivación. Fue nulo e infructífero. Messi, ayer, lo superó todo.
Habla por sí solo, habla con hechos concretos adentro de la cancha. Es el dueño de la pelota, literalmente, porque cada vez que su contador de goles llega a tres, hay que hacer lugar en la repisa de las redondas de cuero.
Este hombre tuvo la capacidad en noventa minutos, de dejar silenciosos hasta a aquellos que hacen del dialogo detrás de un micrófono, su trabajo. La prensa obnubilado, recayó en títulos que solamente mostraban su apellido entre signos de admiración; se hablo de un Messi Guinnes; se intentó buscar refugio en un lugar descampado. Definitivamente, Lionel rompió el molde de los adjetivos calificativos y dejó sin palabras a todos.