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jueves, 15 de marzo de 2012

El tiempo a su favor


La revolución española pero en términos del fútbol. Ni los millones de uno, ni la forma vistosa de jugar de otro. Un tercero en discordia que aparece en escena y se lleva la ovación y el clamor popular. Con su forma de trabajar tan obsesiva y perfeccionista, como peculiar.
Fue construyendo los cimientos de un equipo opacado en las sombras de la medianía y la mediocridad, durante las últimas décadas y aún más con la presencia de los dos gigantes del fútbol ibérico. Hoy es inevitable que esté en boca de todos, que lo nombren, lo admiren e intenten explicar el fenómeno bilbaista. O mejor dicho un nuevo paradigma bielsista.
Sus equipos intentan ser siempre protagonistas; una verdad que a simple vista no tolera ningún tipo de refutación. Tiene el poder del convencimiento, no solo propio sino también para sus dirigidos. La premisa fundamental es intentar en reiteradas ocasiones, porque de esa forma se  está mucho más cerca del objetivo. Creer que se puede, y lograrlo. Y que la idea venga incorporada en la mentalidad como un chip.    
Mérito absoluto y completo del entrenador. Porque fue el técnico rosarino el que tuvo su teatro de los sueños, hace siete días atrás cuando no le importó ni el estadio, ni el rival y le faltó el respeto futbolísticamente hablando a uno de los más poderosos del globo.
Y aún cuando los más conservadores, buscaban estadísticas desfavorables a la hora de plantear un partido con ventaja deportiva, quizás amparándose porque enfrente estaba el mítico Manchester United, y tomaban los recaudos necesarios, por si lo hecho en Inglaterra no alcanzaba y los españoles sufrían un revés en la serie; aún a pesar de toda conjetura Bielsa logró instalarse entre los mejores ocho de este certamen.
Sin olvidarse por supuesto, de que uno de los dos asientos en la final de la Copa del Rey que se espera para finales de mayo, tiene su nombre grabado también.
Este Loco que rompe los moldes y esquemas de las coyunturas estructurales del fútbol, ha conseguido que finalmente una bandera se transforme en realidad y desmitifique a una frase que parecía más emparentado a lo idílico. El tiempo le ha comenzado a dar la razón, tal como aquel pedazo de trapo que se ha visto colgado en las tribunas argentinas. Hoy esa bandera se entremezcla con su presente y Bielsa navega por las aguas de los éxitos, con el tiempo a su favor.  

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