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jueves, 8 de marzo de 2012

Agotamiento del adjetivo calificativo.

Algún día iba a suceder. Y sí, era previsible que pasara. Cuando uno se enfrenta a estos fenómenos a nivel mundial, generalmente nunca se sabe como puede terminar la historieta. Pequeños hechos inciertos y con finales impredecibles. Todo en el marco de las reglas de juego, que uno acepta como bases y condiciones; sabiendo que con este tipo, el grado de probabilidad de quedar expuesto y verse en ridículo, es muy alto.
Terminó el partido y empezó la incansable búsqueda en el diccionario de sinónimos. Incansable pero inútil, no se puede. Hay que darse por vencido y rendirse ante Su Majestad. Hay que reconocerle que esta vez nos ganó; porque todas las palabras parecen quedar diminutas, ninguna tiene la capacidad de completar la idea que se quiere dar sobre el muchachito en cuestión.
Obviamente estamos hablando de él. El mismo de aquella tripleta de goles frente al Madrid, en uno de sus primeros derby, cuando comenzaba a asomar su chapa de crack y se ganaba la admiración de su afición. Aquel de los cuatro goles al Arsenal inglés, hace poco menos de dos años y por el mismo torneo continental, destrozando con un poker de gritos a un rival que era cosa seria.
Ese que hace un puñado de días, convirtió su primer Hack – Trick con la albiceleste, inclusive uno de factura muy similar a los que convierte en España, logrando que aquellos eternos murmuradores de su forma de lucir la camiseta de la Selección, empezaron a hacerle un guiñe.
Y durante todo este tiempo, la retórica siempre presente en los trabajadores de los medios de comunicación, iba surfeando la situación con palabras elogiosas, cada vez más cerca del exagerado, hablando de su grandeza cuando de una pelota se trataba, mencionando inclusive las tan inevitables como odiosas comparaciones: que si es mejor que fulanito, que si hace mas goles que menganito, que es más rápido pero menos técnico que sultanito; y así un rosario de paralelos y números estadísticos que no lo hacen ni mejor ni peor que sus antecesores, simplemente distinto.
Pero ayer otro record empezó a resquebrajarse, y con el correr de los minutos se hizo añicos. No solo a nivel personal por vez primera tuvo tanto festejo en una hora y media; sino que también es el primer jugador en la historia del formato Champions League en festejar cinco veces en el mismo partido; y de yapa alcanzó la línea del legendario Di Stefano con 49 anotaciones a lo ancho y largo de Europa
Y en nuestro trabajo de formar opinión, el adjetivo que califica a una acción o persona, suele ser un arma de uso frecuente. Sin embargo es un recurso que se agotó. Quedó vacante el espacio que se permite para intentar explicarlo mediante una adjetivación. Fue nulo e infructífero. Messi, ayer, lo superó todo.
Habla por sí solo, habla con hechos concretos adentro de la cancha. Es el dueño de la pelota, literalmente, porque cada vez que su contador de goles llega a tres, hay que hacer lugar en la repisa de las redondas de cuero.
Este hombre tuvo la capacidad en noventa minutos, de dejar silenciosos hasta a aquellos que hacen del dialogo detrás de un micrófono, su trabajo. La prensa obnubilado, recayó en títulos que solamente mostraban su apellido entre signos de admiración; se hablo de un Messi Guinnes; se intentó buscar refugio en un lugar descampado. Definitivamente, Lionel rompió el molde de los adjetivos calificativos y dejó sin palabras a todos.  

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