El mítico cántico de finales de los 80. El tiempo esplendoroso del equipo italiano. El genio del fútbol mundial con la 10 en su dorsal y el escudo bordado en su pecho. Ese momento único que el Sur se hacía fuerte y derrotaba a los poderosos y ricos del Norte.
Ese enamoramiento inolvidable, los latidos del corazón que se aceleraban, el encanto por aquel bambino que lograba cosas increíbles en un club modesto. De eso hablaba la canción. De haber visto a Maradona, de tener el privilegio de estar presente delante de ese Dios con pantalón cortito. Quizás esta, la expresión que mejor pinta de pies a cabeza lo que sentían los napolitanos por el astro argentino y que decidieron volcarlo a la música.
El San Paolo vibra nuevamente. Un compatriota de estas tierras es responsable mayoritario de eso, aunque que por su apellido bien podría ser hijo de vecino en cualquier esquina italiana. Nacido en Villa Gobernador Gálvez, deslumbró en Estudiantes de Caseros y explotó en San Lorenzo. La explicación justa para su llegada a Nápoli.
Un club que lo adoptó como su niño mimado y el supo responder rápidamente con buenas actuaciones y goles por toneladas. Y el presente perfecto, tanto del equipo como del jugador, se asemejan a aquellos años felices en la historia de esta institución. Obviamente, comparaciones al margen entre ambos jugadores. Analizar lo que representó Diego y lo que significa hoy Lavezzi, sería tan tonto como usar la calculadora para sumar dos más dos. Sin embargo, emerge nuevamente el romance entre los tifosis y un jugador de los nuestros.
Mucho mérito se lleva el Pocho, en la excelente campaña de la pasada temporada. Setenta puntos y un tercer puesto que devolvió al equipo napolitano al mapa continental, en su cuadro más importante: Clasificación a la Champions League.
Si eso ya era un regalo, estar entre los mejores dieciséis de Europa, ya es un premio superador hasta para el más optimista hincha. Tras sortear el grupo más parejo del certamen y dejar al multimillonario City en el camino; en el primer paso de la fase final se topó con el siempre complicado Chelsea.
Y Lavezzi volvió a ponerse el traje de Superhéroe. Cuando las papas quemaban tomó la sartén por el mango y convirtió dos goles, que si bien no sellan el pasaporte a la siguiente ronda, lo dejan bien parado para afrontar el partido de vuelta. Para seguir poniéndose en el bolsillo a cada uno de los simpatizantes napolitanos.
Después de dos décadas y monedas, las paredes del San Paolo podrán volver a entonar su letra más feliz. Han vuelto a ver a un bambino que los deja perplejos, que los llena de regocijo y satisfacción garantizada. Ho visto a este Nápoli que empieza a hacer historia. Ho visto a Lavezzi, ser protagonista absoluto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario