Fue curioso ver como en la noche venezolana hubo trapitos al sol. Lógicamente el eje del sistema planetario no estuvo presente porque es el momento del día que le toca descansar, sin embargo de las puertas para adentro del vestuario visitante el sol apareció radiante para ventilar algunas camisetas. La del 10, fue la primera en asomarse y tapar el buzo de un técnico claramente desgastado por la conflictiva relación con el último de los héroes vivos. Ni los logros recientes le dieron la espalda suficiente como para soportar la mochila de un enganche con historia y peso.
El árbol supo tapar el bosque. El campeonato invicto y los súper clásicos de verano fueron oxígeno suficiente para que el banco no cambie de dueño, pero las astillas entre ambos seguían estando. Y llegó la época de la poda, donde las diferencias (hasta ahí conocidas pero ocultas públicamente) se hicieron notorias y tomaron repercusión mediática. El aburrido empate sin goles frente al novato Zamora, detonó la bomba de las diferencias conceptuales entre el jugador y su técnico.
En el mundo de las comunicaciones, donde las redes sociales son el nuevo sitio para debatir ideas y compartir expresiones, en el espacio del Twitter la noticia del presunto alejamiento del técnico xeneise derivo en un Treding Tepic, o para decirlo en criollo el tema del momento. Y Julio Cesar Falcioni se convirtió en una temática que estuvo entre los diez más tecleados en la web del pajarito a nivel mundial.
Los portales de Internet abrieron juego a las encuestas sobre el conflicto y el clamor popular otorgó su apoyo al técnico, seguramente un voto castigo para ese jugador que le dio a Boca gloria y problemas en la misma proporción.
Haciendo un viaje por el túnel del tiempo, el prontuario de JR es amplio en materia de disputas contra lo que se le cruce. Desde el legendario Topo Giggio para el entonces presidente Macri, pasando por su confrontación con Palermo en un vestuario dividido y llegando al enfrentamiento de estos días con Julio Cesar Falcioni.
Sumado a eso, sus reiteradas faltas de respeto a la Selección Argentina, dejando desaireado a Basile y Maradona quienes lo tenían en sus planes. Riquelme no soportó la crítica por el bajo rendimiento y decidió dar el portazo renunciando, en ambas ocasiones, a los ciclos con la albiceleste.
El pobre Angelici todavía no logró disfrutar el nuevo cargo que está ocupando y ya tuvo que ponerse el traje de mediador y reunirse con las partes para llegar a la conciliación. Por un lado, los referentes del plantel, por el otro el entrenador al borde de la retirada. Y sobre el filo de la medianoche, tras largas charlas y replanteos nadie se bajó del tren. Falcioni y Riquelme seguirán compartiendo trabajo en Casa Amarilla, lo único que hay que esperar son las secuelas que pueden quedar.
La tranquilidad parece haber llegado, sin embargo es un momento oportuno para citar al filósofo contemporáneo Diego Latorre que hacia los finales del siglo pasado afirmaba: Boca es un cabaret. Y en este comienzo de año parece que reabrió sus puertas.

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