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lunes, 13 de febrero de 2012

Resiste Corazón

Hay que decirle al corazón que resista. Faltan 18 fechas y por como pinta el panorama, cada partido será conmovedor hasta que finalice la temporada.  Lo que pasa es que el canalla se está acostumbrando a las corajeadas cuando el reloj se esfuma, a los finales de película, a las hazañas futboleras que ilusionan al extremo y a la vez lo tienen en vilo hasta el último instante. Cuando el cronometro aprieta, llega el alivio y el desahogo que se muestra atragantado durante el resto de los minutos.
Los institutos cardiológicos van a colapsar con pacientes que tienen sangre azul y amarilla. Porque cuando parece que todo se apaga, se enciende la mecha que paraliza los corazones y que rompe la garganta en gritos interminables y festejos inconmensurables de momentos soñados. Hay que tener un corazón con el chequeo al día, y con la fuerza suficiente para aguantar una hora y media del Central versión 2012.
Parecía que el capítulo Desamparados había sido lo suficientemente dramático, pero el fútbol es una máquina constante de sorprender y nuevamente el Gigante de Arroyito, vivió una tarde épica.
Después de tanta pálida, de soportar años caminando por la cornisa del descenso hasta que llegó el paso en falso y la caída; y luego de pasar una temporada con más de cal que de arena, no consiguiendo el objetivo de volver rápidamente; por fin el simpatizante auriazul puede vivir su momento triunfal de verse en la cima.
La epopeya de Rosario Central hace rememorar viejas épocas de una mística que tenían esas cuatro tribunas a orillas del Paraná, en tiempos del firulete. Ese estadio que se transformaba en un fuerte de la época de indios y cow boys, donde salir ganador de ese reducto era una posibilidad prácticamente nula. Hoy vuelve a convertirse en bastión fundamental para la campaña de Pizzi el hecho de ganar la mayor cantidad de puntos en casa, y el fixture acompaña con mayoría de los cotejos en Rosario para este semestre.  
Y cuando de un plumerazo se pasó del optimismo por el empate a la desazón de otro partido que parecía escaparse, trayendo los fantasmas de otras temporadas con partidos de estas características que terminaban siempre con un final no feliz, ahí apareció en el aire esa brisa de proeza que contagió a todos.  
Con mucho orgullo y poco fútbol, el canalla insistió. Y en el conjunto visitante no resistió la Defensa y se hizo Justicia. Ni el halcón pudo frenar a un Central que viene con todos los planetas a su favor. Primero llegó el empate y en la agonía del partido, el gol que le dio un triunfo de esos que quedan en las remembranzas por largo rato.
Ya no es casualidad que, cada vez que los rivales no pueden levantar las piernas porque el partido pesa y los minutos pasan, entren en acción Monje y Biglieri. Esto es estrategia y lectura del juego: dos rapiditos que, con la frescura del ingreso, son letales para una defensa desgastada. Y es, quizás, una de las claves del buen momento y los buenos resultados.
Poco le importará al hincha los déficits defensivos que fueron muchos y a causa de una política ofensiva que así lo ameritaba. En algún momento de la locura desatada, se habrán olvidado de la infantil e incomprensible expulsión de Delgado. Atrás quedó esa jugada sobre el final que pudo ser el empate de los de Florencio Varela. Nada mas interesa, porque este Central es puntero y con mucha ambición por seguir. El sábado fue el día que Fito volvió a cantar y a pedir alegría a su corazón; y seguramente el día que el corazón le pidió una tregua a sus jugadores.

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