Partido Controlado - La única forma de disfrutar del fútbol

lunes, 30 de enero de 2012

Mouche alegría


 
Figurita repetida. Es verdad, en otra página del álbum, pero se vuelve a refrendar la imagen. Unos contentos, derrochando alegría por donde los mires, levantando una copa de poco interés deportivo pero de una plenitud magnifica por lo que la envuelve en significado. Los otros, con los ojos clavados en el piso, cabizbajos de bronca y dolor se retiran del escenario principal.
Si hay algo que no se resiste en el mundo de los medios de comunicación, donde todo se ve y se escucha, es un archivo. Y fue el mismísimo Matías Almeyda quien semanas atrás con un firme convencimiento y con mucha coherencia manifestaba preservar los jugadores más importantes de su plantel para el segundo encuentro clásico. El motivo: el cercano debut en el torneo prioritario para el club, el comienzo de la B Nacional.
Una frase, que parece muchas veces ser defenestradas por los mismos protagonistas, tomó fuerza en el mundo millonario. Los resultados mandan, y si se trata de un Súper Clásico mucho más. Por eso en la noche mendocina no hubo suplentes, ni equipo muleto, ni siquiera un mix entre titulares y relevos. Decididamente puso lo mejor que tenía a mano.
Falcioni en algún momento de la previa al primer choque, deslizó la posibilidad de jugar con juveniles en Chaco. Enojo o ironía, terminó siendo solamente una frase que quedó en el aire de los medios que hicieron mella y titulares de tapa. Ganó con holgura el primero y quería repetir en el segundo.  Decididamente puso lo mejor que tenía a mano.
Ambos equipos mostraron su mejor perfil y sus nombres más rutilantes tanto para la ida, como para la vuelta; sin importar los compromisos eventuales de un futuro cercano. Y así el verano fue todo xeneise. En el norte y en el oeste, no hubo punto cardinal del país que pueda torcer el rumbo de Boca que tuvo un final feliz de pretemporada. Le puso un freno al andar dulce que venían teniendo los de Núñez y le marcó la diferencia de categorías entre ambos.
Es conveniente remarcar que este River estuvo mucho más cerca de Boca, que la versión de cuatro días atrás. Menos nervioso, con mayor tenencia de pelota, abriendo los espacios por los costados e intentando llevar peligro constantemente. Pero Cavenaghi tuvo la mira desviada y Trezeguet duró lo mismo que un eclipse: 9 minutos.
Boca se llevo, de una provincia a otra, una hoja de calcar con la fórmula del gol. Y cuando no podía y no sabía como preponderar en el partido, encontró una arremetida aislada donde dibujó exactamente la misma jugada que en el Estadio Centenario; la salvedad radica en que el receptor esta vez fue Pablo Mouche que de cabeza al gol, hizo emborrachar de algarabía a toda su hinchada, justo en la tierra del buen vino.  
   Para los xeneises esta serie de clásicos fue extender los festejos de la reciente consagración en el fútbol máximo criollo; para los millonarios fue el sueño frustrado de un desquite que se convirtió en pesadilla. Al final de cuentas Boca tuvo Mouche alegría, perdón quise decir mucha alegría.

jueves, 26 de enero de 2012

Traicionar los principios

En reiteradas ocasiones se mencionó la palabra “principios”, en los pasillos y vestuarios del Camp Nou. Basta recordar una de las últimas conferencia de prensa de Pep Guardiola, ratificando al arquero Pintos en la serie frente al Madrid por la Copa del Rey, justamente para no traicionar su forma de pensar. O bien vale mencionar la cantidad de veces que, estando el Barcelona por debajo en el marcador, se veía un equipo que fiel a su estilo seguía jugando como de costumbre.
Sin embargo, el último derby español arrojó una preocupante performance futbolística, ya resaltada en el primer partido entre ambos la semana pasada. Es verdad, el objetivo de máxima está cumplido y el Barcelona se clasificó a las semifinales; pero aquí el fin no justifica a este medio y seguramente el entrenador se debe haber ido con unas cuantas preocupaciones anotadas en su libreta.
Mourinho, después de mucho tiempo, y luego de rotundos fracasos estratégicos frente al Barcelona, apostó a no traicionar los principios históricos merengues: un equipo menos especulativo y más protagonista con nombres propios que lo ratificaban: Özil, Kaka, Cristiano Ronaldo e Higuain todos juntos y desde el comienzo.    
El Barcelona se encontró de casualidad con dos goles, y una diferencia en la serie que parecía fulminar las aspiraciones del Real Madrid. Apenas un refucilo de Messi en velocidad, para asistir a Pedro y un endiablado remate de Dani Alves le bastaron para irse al vestuario con dicha ventaja. Eso si, el propio Messi se vistió de Pepe y lo sacudió con una dura entrada, devolviendo las gentilezas del pisotón más hablado de la última semana.
La parte complementaria, encontró la misma temática. El blaugrana desconocido, con escasa posesión de pelota como pocas veces se recuerda, un equipo largo con muchos metros vacíos entre sus líneas. Fue tal el desconcierto que llegó el día en que vimos como Xavi revoleaba a quince metros una pelota y se iba al lateral. Alguna pieza del motorcito que tenía el once de Guardiola se rompió.
El tan mentado tiki – tiki que suele mostrar este equipo, se vio alterado por Mourinho y sus cambios. Con los ingresos de Callejón y Benzema, potenciados por un Ronaldo que ayer cambió silbidos por aplausos, consiguieron el empate y a punto estuvieron de lograr una hazaña en tierras visitantes que iba a quedar en el recuerdo colectivo de todos.
Los de Guardiola lograron el pasaje a la siguiente instancia, pero sigue siendo un tanto agridulce el sabor que ha quedado en el paladar catalán. Porque esta vez el resultado fue más azaroso y fortuito que adecuado.
Los partidos venideros marcaran si lo acontecido ayer fue mérito del Real Madrid, o si el Barcelona está atravesando una crisis de identidad en su forma de jugar. Acrecentado y agravado aún más por la seguidilla de lesiones que ayer sumó a Iniesta y Alexis Sánchez.
Y si, algún día tenía que pasar. El Barcelona traicionó a sus principios.   

miércoles, 25 de enero de 2012

Volverte a ver

Si hay un momento que quería volver a sentir en la piel el hincha riverplatense, después de secarse las últimas lágrimas del descenso y de concebir la dura realidad de su nueva categoría, ese momento ha llegado.  Si hay un instante que el hincha xeneise quería volver a apreciar en el alma, después de agotar su imaginación en cargadas y de ver un tropezón tan esperado como sorpresivo, ese instante ha llegado.
El día es hoy, y nuevamente estarán los de River en una mitad de cancha y los de Boca (el verdadero y no el homónimo correntino que supieron enfrentar los millonarios) del otro. Tras largas, polémicas, fundamentadas y refutadas disputas, el superclásico tiene un nuevo capítulo para escribir en su historial.
Un partido signado por el marketing y la publicidad, rozando por momentos la morbosidad futbolera que expone a los dos colosos argentinos, con el condimento único de estar en distintas categorías. El partido del cual se habla desde que se confirmaron las fechas y los escenarios.
El estadio Centenario del club Sarmiento de Chaco, tendrá su estreno en partidos clásicos de esta envergadura; puesto que por vez primera se estarán viendo las caras los de Falcioni y los de Almeyda en estas tierras del norte argento.
La seguridad estará en el foco de la atención, puesto que los detractores de estos partidos veraniegos con el rótulo de “amistoso”, hacían principal hincapié en esta materia como un problema inevitable de suceder. A toda esta situación, hay que incluirle el “arreglo” de público conocimiento por parte de ambas barras con la gobernación provincial para decir presente en el derby.
Un intenso operativo policial tendrá a un efectivo de seguridad cada diez personas. Si , leyó bien: 2500 policías para cuidar los intereses de 25000 hinchas; cuadruplicando la cantidad del último encuentro entre estos dos equipos el 15 de mayo de 2011. Evidentemente, es un tema que preocupa a todos.
La burla será el actor principal cuando los 90 minutos terminen, sea cual fuere el resultado. Si los de Núñez se alzan con el triunfo, el argumento de haberle ganado al rival de siempre estando un escalón por debajo en el escalafón del fútbol será obvio; en cambio si la victoria se va para La Boca, se hablará de una paternidad que trasciende las categorías.   
Ambos presentan lo mejor que tienen. Le dan la importancia y relevancia que la historia de estos partidos amerita. Son dos tiempos de 45 minutos donde el orgullo está en juego, y donde alcanzar la gloria ocasional de unos días está tan cerca, como quedar en el ridículo preventivo hasta que las cosas se vuelvan a dirimir en Mendoza.
Los minutos pasan, el pitazo inicial se acerca. Adrenalina, ansiedad y nerviosismo son sinónimos de lo que viven los hinchas. Unos miraran a otros y podrán decirse después de semestres donde han vivido realidades diferentes: “por fin, que ganas de volverte a ver”.

sábado, 21 de enero de 2012

Rey sin corona


El juego de egos y vanidades. La imperiosa necesidad de seguir sintiéndose genio y figura. Ver como pasan las generaciones y descubrir nuevas estrellas en la constelación del fútbol. Empezar a sentir el abandono popular. Que sus genialidades tengan cierto olor a naftalina, guardada en el arcón de los recuerdos en blanco y negro. El ineludible paso del tiempo.
La eterna disputa entre argentinos y brasileños, sumergidos en un debate interminable sobre si Pelé era más y mejor que Maradona, o si la ecuación era a la inversa; hoy emerge con un nuevo capítulo fundado solamente por una de la partes. Al que le quepa el saco que se lo ponga, y el astro verde amarelo encontró uno que era de su talle y salió al cruce con polémicas declaraciones, sobre la falta de méritos de Lionel Messi para ser el mejor de todos los tiempos. Algunos se atreverían a llamar esa actitud como inseguridad sobre sí mismo.
Una obviedad sería recaer en el fundamento de que las épocas son distintas. Un acierto sería analizar en profundidad lo que dicha manifestación representa: explicar por ejemplo que el fútbol ha mutado vertiginosamente en su forma y esencia, desde lo táctico hasta lo físico; también es debido acordarse que Pelé pasó toda su carrera en el Santos, lo cual no le resta decoro pero si la obligación de reconocer que la mayoría de sus gritos fueron en una Liga que por aquel entonces no tenía la competitividad de estos días; sin dejar de lado la noción de que los formatos de Mundiales son muchos más complejos ahora que en sus comienzos; y recordando por último que el incesante avance de la tecnología favorece a aquellos entrenadores estudiosos del fútbol, permitiendo ver hasta un amistoso entre equipos de Taiwán.
No se puede evitar, caigamos en frases comunes pero ciertas. Se defiende distinto, se ataca de otra forma. Hoy se especula mayoritariamente con el arco en cero, antes se atacaba con cinco jugadores. El fútbol actual es mucho más físico que lírico y lujoso. Se estudia al equipo rival de una forma minuciosa y se trata de destruir al otro, en lugar de construir uno. Los tiempos cambian y el fútbol lo sigue al mismo ritmo, volviéndolo dificultoso. Todas estas afirmaciones hacen que tenga un valor agregado lo que está consiguiendo el 10 blaugrana, y lo mucho que le queda por alcanzar.
Sin embargo y a pesar de todas estas líneas, decir quien es mejor que quien, sigue siendo una utopía indescifrable. Es absurdo comparar cuando de tiempos disímiles se trata. Lo que a estas alturas se puede aseverar es que el pequeño 10 barcelonista se ha ganado un lugarcito en la mesa de las grandes leyendas del fútbol. Para algunos puede ser mejor Pelé, otros pondrán un escalón por encima al crack rosarino, muchos proclamarán por Maradona y algunos tantos se repartirán entre Di Stéfano, Cruyff y porque no Zidane.
La corona no es eterna, sino transitoria. Y lo que no se puede discutir bajo ningún precepto, es que hoy ese halo de nobleza que algún día llevó Edson Arantes do Nascimento le pertenece a Lionel Messi, al margen de la cifra que marque el contador de goles de cada uno.

viernes, 20 de enero de 2012

Amor de verano francés.


La época estival y sobre todo las vacaciones suelen dejar esos platónicos amores, con la particularidad de ser esporádicos, fugaces, pasajeros pero a la vez tan intensos como inolvidables.
El escenario era el apropiado, porque si hay un sinónimo de la palabra vacaciones, ese es Mar Del Plata. Y justamente en La Feliz tenían cita River y Racing para cerrar el torneo de verano que lleva el nombre de la ciudad turística.
Los condimentos eran muchos y diversos: el ya consabido show de Basile en un banco de suplentes; la peligrosa dupla cafetera presente con Gio y Teo; el estreno de la nueva posición del Chori Domínguez como enganche; y la esperada aparición de Trezeguet en el fútbol nuestro, aunque en el banco de los relevos.
El argentino naturalizado francés, cuenta con un extenso currículum en clubes europeos y larga trayectoria con la selección donde consiguió importantes logros a nivel mundial y continental. En este 2012, y ya en el tramo final de su carrera, decidió volver a su país y hacerlo en el club del cual se proclamó hincha; sacándole la modorra a un libro de pases que venía sin mucho sobresalto y convirtiéndose de inmediato en el pase del año.
Por eso la expectativa por verlo era alta, y cuando fue llamado por Almeyda, para ingresar en el segundo tiempo, el estadio explotó en un aplauso. Rápidamente se puso la camiseta con el número que había pedido y que lo acompañó durante gran parte de su vida futbolística, dejando de lado las cábalas y supersticiones que lo emparentan con la desgracia.
Y también se trajo de su paso por Dubai, el guión de cómo debería ser el estreno millonario. Porque lo sucedido anoche pareció sacado de una película, que tranquilamente podría titularse “El regreso soñado”. Entró y convirtió el gol de un triufo que sirvió para alzarse con la primera copa del año y a la espera de que sean muchas más alegrías, mayormente en estos primeros seis meses. Y el triunfo de River sobre Racing, sirvió también para sellar una paternidad futbolera que no entiende de categorías.
Por eso, desde el momento en que la pelota atravesó la línea y desde que ese pelado con la número diecisiete en la espalda salió corriendo a festejarlo, desde ese preciso instante comenzó una historia de amor, con ese muchachito de ADN argento pero acento galo. Una empatía que se trasladará a Núñez y que tendrá su prueba de fuego en los próximos seis meses, en busca de la gesta histórica para recuperar la máxima categoría.
Los hinchas millonarios consiguieron un poco de amor francés.

jueves, 19 de enero de 2012

La lógica a pesar de todo

En ciertos momentos de la vida, se forman ciclos. En el fútbol es habitual que sucedan estas cosas. Hablar de lo que representa el Barcelona en el deporte actual sería aburrido, monótono y redundante. Sin embargo es ineludible intentar analizar lo que sucede cada vez que enfrente está el Real Madrid.
Históricamente ha sido un clásico, a pesar de no estar en la misma región del país ibérico; pero en los últimos años se ha transformado en un partido netamente especial. Por los estilos de juego, por los entrenadores con tan disímiles perfiles, por contar con el mejor del mundo y su inmediato perseguidor, uno en cada vereda. Por lo que generan los medios de comunicación cada vez que se enfrentan.
Y precisamente en este ciclo que se formó en torno a estos dos clubes, pareciera que el resultado siempre se inclina para el mismo lado. No importa circunstancias, contexto, nombres o esquemas. El final es siempre feliz para los que visten de blaugrana.
Ganarle al Barcelona se ha tornado prácticamente una obsesión para el entrenador merengue. Y estar inmerso en ese estado emocional, suele llevarte a tomar decisiones equívocas, como por ejemplo la formación inicial de ayer: el triple cinco con Pepe, Lass y Xabi Alonso supo tener rédito por momentos, maniatando el andamiaje colectivo del mediocampo barcelonista. Sin embargo este sistema, le quitó vértigo, dinámica y hombres al ataque. La defensa fue el punto más sorprendente con nombres como los de Carvalho, Coentrao y Altintop desde la partida. Mourinho quiso ser revolucionario, pero la revuelta táctica no la comprendieron ni siquiera los jugadores.
Barcelona fue una pálida imagen de lo que puede ser. Más cercano a lo que viene mostrando en los últimos partidos de Liga, que al arrollador equipo que acostumbró a todos. Con Iniesta y Xavi presionados en la marca, Busquets tuvo que disfrazarse de creador pero al margen de sus cualidades técnicas, lejos estuvo de ser el cerebro del equipo. Fábregas no entró en sintonía y Messi se vio absorbido por la violencia cada vez que tocaba la redonda. Algunas arremetidas individuales de Alexis Sánchez y se agotaron los recursos.
Parecía que las cosas se encaminaban para el Madrid y para Cristiano Ronaldo. El lusitano marcó un gol tempranero y los fantasmas del bajo rendimiento en estos partidos comenzaban a borrarse de un plumazo. Pero se volvió a caer en un viejo error: conformarse con la ventaja, retroceder las líneas y darle pelota al Barcelona.
Y con la pelota fue. Sin mucha idea fue. Con poca claridad fue. De una forma rara fue. Tanto, que el empate llegó de la vía menos pensada a la hora de diagramar un gol del Barcelona: de un corner.
Cuando las grandes figuras no aparecen, el resto tiene que acompañar; y será por esta máxima que Puyol y Abidal fueron los inusuales goleadores en la noche del Bernabeú. Y quizás también sea por este ciclo, que se da la lógica a pesar de todo. Un lógica triunfalista del equipo de Guardiola, bajo la perspectiva que lo quieras mirar. Jugando brillante, o como ayer. Siendo derrotado desde el vestuario, en las condiciones más adversas y con los estilos tácticos más molestos para su ideosincracia de juego. Una lógica que tendrá tintes psicológicos en los jugadores madridistas de verse inferiores a pesar de contar con una de las mejores plantillas a nivel mundial.
Una lógica que en la jerga del fútbol llaman racha.
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