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sábado, 21 de enero de 2012

Rey sin corona


El juego de egos y vanidades. La imperiosa necesidad de seguir sintiéndose genio y figura. Ver como pasan las generaciones y descubrir nuevas estrellas en la constelación del fútbol. Empezar a sentir el abandono popular. Que sus genialidades tengan cierto olor a naftalina, guardada en el arcón de los recuerdos en blanco y negro. El ineludible paso del tiempo.
La eterna disputa entre argentinos y brasileños, sumergidos en un debate interminable sobre si Pelé era más y mejor que Maradona, o si la ecuación era a la inversa; hoy emerge con un nuevo capítulo fundado solamente por una de la partes. Al que le quepa el saco que se lo ponga, y el astro verde amarelo encontró uno que era de su talle y salió al cruce con polémicas declaraciones, sobre la falta de méritos de Lionel Messi para ser el mejor de todos los tiempos. Algunos se atreverían a llamar esa actitud como inseguridad sobre sí mismo.
Una obviedad sería recaer en el fundamento de que las épocas son distintas. Un acierto sería analizar en profundidad lo que dicha manifestación representa: explicar por ejemplo que el fútbol ha mutado vertiginosamente en su forma y esencia, desde lo táctico hasta lo físico; también es debido acordarse que Pelé pasó toda su carrera en el Santos, lo cual no le resta decoro pero si la obligación de reconocer que la mayoría de sus gritos fueron en una Liga que por aquel entonces no tenía la competitividad de estos días; sin dejar de lado la noción de que los formatos de Mundiales son muchos más complejos ahora que en sus comienzos; y recordando por último que el incesante avance de la tecnología favorece a aquellos entrenadores estudiosos del fútbol, permitiendo ver hasta un amistoso entre equipos de Taiwán.
No se puede evitar, caigamos en frases comunes pero ciertas. Se defiende distinto, se ataca de otra forma. Hoy se especula mayoritariamente con el arco en cero, antes se atacaba con cinco jugadores. El fútbol actual es mucho más físico que lírico y lujoso. Se estudia al equipo rival de una forma minuciosa y se trata de destruir al otro, en lugar de construir uno. Los tiempos cambian y el fútbol lo sigue al mismo ritmo, volviéndolo dificultoso. Todas estas afirmaciones hacen que tenga un valor agregado lo que está consiguiendo el 10 blaugrana, y lo mucho que le queda por alcanzar.
Sin embargo y a pesar de todas estas líneas, decir quien es mejor que quien, sigue siendo una utopía indescifrable. Es absurdo comparar cuando de tiempos disímiles se trata. Lo que a estas alturas se puede aseverar es que el pequeño 10 barcelonista se ha ganado un lugarcito en la mesa de las grandes leyendas del fútbol. Para algunos puede ser mejor Pelé, otros pondrán un escalón por encima al crack rosarino, muchos proclamarán por Maradona y algunos tantos se repartirán entre Di Stéfano, Cruyff y porque no Zidane.
La corona no es eterna, sino transitoria. Y lo que no se puede discutir bajo ningún precepto, es que hoy ese halo de nobleza que algún día llevó Edson Arantes do Nascimento le pertenece a Lionel Messi, al margen de la cifra que marque el contador de goles de cada uno.

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