Si hay un momento que quería volver a sentir en la piel el hincha riverplatense, después de secarse las últimas lágrimas del descenso y de concebir la dura realidad de su nueva categoría, ese momento ha llegado. Si hay un instante que el hincha xeneise quería volver a apreciar en el alma, después de agotar su imaginación en cargadas y de ver un tropezón tan esperado como sorpresivo, ese instante ha llegado.
El día es hoy, y nuevamente estarán los de River en una mitad de cancha y los de Boca (el verdadero y no el homónimo correntino que supieron enfrentar los millonarios) del otro. Tras largas, polémicas, fundamentadas y refutadas disputas, el superclásico tiene un nuevo capítulo para escribir en su historial.
Un partido signado por el marketing y la publicidad, rozando por momentos la morbosidad futbolera que expone a los dos colosos argentinos, con el condimento único de estar en distintas categorías. El partido del cual se habla desde que se confirmaron las fechas y los escenarios.
El estadio Centenario del club Sarmiento de Chaco, tendrá su estreno en partidos clásicos de esta envergadura; puesto que por vez primera se estarán viendo las caras los de Falcioni y los de Almeyda en estas tierras del norte argento.
La seguridad estará en el foco de la atención, puesto que los detractores de estos partidos veraniegos con el rótulo de “amistoso”, hacían principal hincapié en esta materia como un problema inevitable de suceder. A toda esta situación, hay que incluirle el “arreglo” de público conocimiento por parte de ambas barras con la gobernación provincial para decir presente en el derby.
Un intenso operativo policial tendrá a un efectivo de seguridad cada diez personas. Si , leyó bien: 2500 policías para cuidar los intereses de 25000 hinchas; cuadruplicando la cantidad del último encuentro entre estos dos equipos el 15 de mayo de 2011. Evidentemente, es un tema que preocupa a todos.
La burla será el actor principal cuando los 90 minutos terminen, sea cual fuere el resultado. Si los de Núñez se alzan con el triunfo, el argumento de haberle ganado al rival de siempre estando un escalón por debajo en el escalafón del fútbol será obvio; en cambio si la victoria se va para La Boca, se hablará de una paternidad que trasciende las categorías.
Ambos presentan lo mejor que tienen. Le dan la importancia y relevancia que la historia de estos partidos amerita. Son dos tiempos de 45 minutos donde el orgullo está en juego, y donde alcanzar la gloria ocasional de unos días está tan cerca, como quedar en el ridículo preventivo hasta que las cosas se vuelvan a dirimir en Mendoza.
Los minutos pasan, el pitazo inicial se acerca. Adrenalina, ansiedad y nerviosismo son sinónimos de lo que viven los hinchas. Unos miraran a otros y podrán decirse después de semestres donde han vivido realidades diferentes: “por fin, que ganas de volverte a ver”.

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