En ciertos momentos de la vida, se forman ciclos. En el fútbol es habitual que sucedan estas cosas. Hablar de lo que representa el Barcelona en el deporte actual sería aburrido, monótono y redundante. Sin embargo es ineludible intentar analizar lo que sucede cada vez que enfrente está el Real Madrid.Y precisamente en este ciclo que se formó en torno a estos dos clubes, pareciera que el resultado siempre se inclina para el mismo lado. No importa circunstancias, contexto, nombres o esquemas. El final es siempre feliz para los que visten de blaugrana.
Ganarle al Barcelona se ha tornado prácticamente una obsesión para el entrenador merengue. Y estar inmerso en ese estado emocional, suele llevarte a tomar decisiones equívocas, como por ejemplo la formación inicial de ayer: el triple cinco con Pepe, Lass y Xabi Alonso supo tener rédito por momentos, maniatando el andamiaje colectivo del mediocampo barcelonista. Sin embargo este sistema, le quitó vértigo, dinámica y hombres al ataque. La defensa fue el punto más sorprendente con nombres como los de Carvalho, Coentrao y Altintop desde la partida. Mourinho quiso ser revolucionario, pero la revuelta táctica no la comprendieron ni siquiera los jugadores.
Barcelona fue una pálida imagen de lo que puede ser. Más cercano a lo que viene mostrando en los últimos partidos de Liga, que al arrollador equipo que acostumbró a todos. Con Iniesta y Xavi presionados en la marca, Busquets tuvo que disfrazarse de creador pero al margen de sus cualidades técnicas, lejos estuvo de ser el cerebro del equipo. Fábregas no entró en sintonía y Messi se vio absorbido por la violencia cada vez que tocaba la redonda. Algunas arremetidas individuales de Alexis Sánchez y se agotaron los recursos.
Parecía que las cosas se encaminaban para el Madrid y para Cristiano Ronaldo. El lusitano marcó un gol tempranero y los fantasmas del bajo rendimiento en estos partidos comenzaban a borrarse de un plumazo. Pero se volvió a caer en un viejo error: conformarse con la ventaja, retroceder las líneas y darle pelota al Barcelona.
Y con la pelota fue. Sin mucha idea fue. Con poca claridad fue. De una forma rara fue. Tanto, que el empate llegó de la vía menos pensada a la hora de diagramar un gol del Barcelona: de un corner.
Cuando las grandes figuras no aparecen, el resto tiene que acompañar; y será por esta máxima que Puyol y Abidal fueron los inusuales goleadores en la noche del Bernabeú. Y quizás también sea por este ciclo, que se da la lógica a pesar de todo. Un lógica triunfalista del equipo de Guardiola, bajo la perspectiva que lo quieras mirar. Jugando brillante, o como ayer. Siendo derrotado desde el vestuario, en las condiciones más adversas y con los estilos tácticos más molestos para su ideosincracia de juego. Una lógica que tendrá tintes psicológicos en los jugadores madridistas de verse inferiores a pesar de contar con una de las mejores plantillas a nivel mundial.
Una lógica que en la jerga del fútbol llaman racha.

No hay comentarios:
Publicar un comentario